Presupuesto: el dogma y el pragmatismo
El dogma del equilibrio fiscal por sobre la posibilidad del déficit público prevalece en la propuesta de ingresos que el gobierno envió a la Cámara de Diputados la semana pasada. De ahí que se trate de un presupuesto recesivo.
Los personeros gubernamentales se ufanan de que para 2010 han propuesto un déficit de 60 mil millones de pesos. Lo malo es que esa cantidad sólo representa 0.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).
México sigue siendo la economía que peor manejo ha dado a la recesión global y la que tardará más tiempo en salir de ella. El propio secretario de Hacienda ha reconocido que el país no participara de la recuperación global prevista para el próximo año.
Una de las razones de eso radica en los pésimos cálculos que hizo el equipo económico de Calderón acerca de los alcances de la crisis. Otras razones tienen que ver con problemas estructurales que tampoco se han sabido manejar como la reducción en los recursos petroleros.
Y otro grupo de razones se puede encontrar en la receta que pretenden aplicar para superar la recesión. México se ha convertido no sólo en el país más afectado por el caos económico mundial, sino en el único país que va a contracorriente del resto en el intento por salir adelante.
Un ejemplo es el manejo del déficit público. Este concepto significa la posibilidad de inyectar más dinero a la actividad económica para reactivarla, de lo que se retiene por impuestos.
Ya hemos dicho que Calderón propone un déficit de 0.5 por ciento para 2010 cuando el promedio para los países de la Organización para el Desarrollo y el Crecimiento Económico (OCDE), a la que pertenecemos, será cercano al 9 por ciento, y el de Estados Unidos alcanzará 12 puntos porcentuales.
Todo el mundo está incrementando su déficit público y cobrando menores impuestos. Recurren a éstos cuando la economía se ha recuperado. En México se procede al revés.
Y todo por el miedo de los panistas a que las empresas evaluadoras de riesgo bajen la calificación que asignan a la deuda soberana del país. Por ello han optado por gravar más a los contribuyentes cautivos y a mantener la economía estancada.
El costo que pagará el país es inmenso. Lo peor es que, como hemos escrito en otra parte, se está desaprovechando la oportunidad histórica –por única– que proporciona el llamado bono demográfico.